Si el papeleo fue la primera parte de la odisea, la segunda
ha sido el viaje en sí. Han sido 20 horas agotadoras, desde las 6 de la mañana hasta
las 3 (hora española).
La historia comenzó
con el trayecto al aeropuerto: el tom-tom decidió llevarnos por el “camino más
corto”: el centro de Madrid!! Tras darnos un rodeo tonto y tragarnos miles de
semáforos aparecimos finalmente en el aeropuerto. Facturé mis 2 maletas, me
despedí de mis padres y cogí el avión hacia Toronto… 8 horas y media de vuelo...
Una vez en Canadá, tienes que pasar una zona de control en donde tienes que
enseñar todo tipo de papeles: pasaporte, tarjeta de embarque, declaración de
bienes, duración de la estancia…. Como yo además vengo para quedarme me enviaron
a la sala de inmigración, donde me volvieron a hacer sacar todos los papeles,
carta de admisión, y datos de residencia en Canadá (que por cierto, cuando le
dije que al mes me iba a cambiar de piso, el tío me puso cara de malas pulgas,
preguntándome que por qué… WTF?¿). Ahora tengo un papel raro de colorines
grapado al pasaporte…
Pasado esto, cojo el
avión a Montréal. Todo muy bien, hasta que tengo que recoger las maletas. Yo ya
pensando: verás lo que van a tardar con el transbordo…. Y espero: 5 minutos,
10, 15, 20…… Nada. De hecho sigo esperando, porque las maletas están
desaparecidas, con toda mi ropa dentro, parte del dinero que tenía ahorrado,
ordenador, planta del pelo, y un largo etc. Mañana tengo que llamar de nuevo al
aeropuerto para dar mis datos completos de aquí; pero creo que lo va a hacer mi
compañera de piso, que es francesa y se entera mejor (para que luego nos
quejemos de los franchutes. Es bien maja)
En fin, a pesar de todo estoy muy contenta, porque lo poco
que he visto de Montréal me ha parecido precioso! Mañana tengo mi primer
contacto con la universidad (solo informaciones de todo y de nada en concreto).
En el próximo post os iré contando mis primera impresiones
de Canadá ;)
Un saludo! Au revoir! :))
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